sábado, 31 de octubre de 2009

HALLOWEEN

¿Realmente estaba segura de lo que iba a hacer? ¿Realmente lo estaba? Llevo quince Halloween en el cuerpo y jamás lo he festejado. Pero este día. Este Halloween número dieciséis estoy sentada frente a un gran espejo mientras termino de arreglarme.
Me hago un gran delineado en el ojo. Una que me marque el color caoba que llevo desde mi nacimiento. Me hago una media coleta algo despeinada y luego el sombrerito del conjunto. Maquillo mis labios de un gran rojo fuerte y me pongo el perfume 212 sexy woman. Ese que hace que los hombres pierdan la cordura.
Me doy la vuelta al tocador y me pongo las sandalias negras de tacón alto y me miro al espejo. Un enterito con short azul oscuro, de cuerpo. El short comienza en la mitad, de la mitad, de la mitad, de la mitad de mi muslo. Dejando a la imaginación pocas cosas, pero las mas importantes. Sube hasta mis pechos con una cremallera. Una que deja ver mis pechos en mi corpiño negro. Estaba impactante. Tanto como una prostituta.
Me senté en mi cama y apoyé mis codos en mis rodillas para sostener con las manos mi cabeza. En eso entró mi hermano.
- Pero que bien te vez, hermanita. Vas a tener una… travesura con uno de tus amigos –dijo en tono de burla.
- No, con uno de los tuyos –dije.
Se quedó callado por un segundo.
- Solo espero que no –dijo el y yo prendí la radio a todo volumen, apagando su voz en mi cabeza. El le puso pausa.
- ¿Por qué no te vas ya? –me dijo-. Se caerá a penas te vea.
- ¿De la risa? –pregunté.
- No, de la emoción –me besó la cabeza-, linda policía. Ahora… ¿puedes llamar a mi novia y decirle donde lo compraste? Quiero que se ponga uno.
- ¡Baboso! –le grité con una sonrisa y lo empujé de mi habitación y salí.
Me subí al auto y comencé a manejar. No hacía frío en California. Eso lo amaba.
Manejé con mi camioneta hasta su casa y me sentí de lo peor. Era todo una puta. Pero lo tenía que conquistar de nuevo. Nuestro noviazgo de un año y dos meses se estaba yendo al fondo del océano y…
Me bajé del auto rezando y toqué timbre. Nadie atendía y las luces estaban apagadas. ¡Bien! No estaba. ¿Peor mala suerte? Claro que no.
Me acomodé los anteojos negros que venían en conjunto con el traje de policía y me quise ir, ocultando mi identidad.
- ¿No eres muy grande para jugar en Halloween? –me dijo su voz.
Me di vuelta con media sonrisa y al ver que era yo, y que estaba vestida como… como… ¡arg! Sonrió y bebió su cerveza.
- Depende del lado que lo mires ¿no? Siempre dijiste que era una nena, Kellan –dije con una sonrisa.
- Una muy, muy peligrosa –dijo el con una sonrisa y abrió la puerta para dejarme pasar.
Negué con la cabeza y el volvió bebiendo de nuevo.
- ¿Dulce o Travesura? –dije con un tono angelical.
- ¿No es dulce o truco? –dijo el arqueando una ceja y yo me encogí de hombros-. Bien. Travesura.
Reí dulcemente y me subí a sus piernas de un salto ágil y el me agarró en el aire.
- Estaba triste –me dijo mientras me subía a su habitación-. Pensé que no iba a festejarlo. Ya estaba a punto de llamar a mis amigos, pero… creo que me quedaré con tigo. ¿No te molesta cierto?
Sonreí y tomé su cara y lo besé con pasión. Tuvo que bajarme o los dos moriríamos ahí no más. Me abrasó y yo lo apoyé contra la pared y nos seguimos besando desenfrenadamente.
- Cathy –me susurró.
- ¿Qué? –pregunté mientras empezaba a bajar por su cuello.
- Perdóname. Quiero amarte para toda la vida. Y no por que estas así vestida, nena. Por que te amo y por que eres mi novia y la mas linda y buena. Y… ya no quiero que peleemos. ¿Nos amigamos?
Bufé.
- Kellan. Voy a tener sexo con tigo igual. No hace falta que me digas estupideces –dije.
Me empujó un poco y me miró. Estaba agitado, con la camisa desabrochada. Muy sexy.
- No busco sexo, Cathy. Siempre lo supiste. Puedes estar así vestida y aún así no tener sexo y eso lo sabes. Pero te amo –tomó mi cara-. Y ya estoy harto de pelear. ¿Qué me importa si nos llevamos ocho malditos años? Yo te amo por que me comprendes y por que me quieres. Y tu a mi por lo mismo, dulzura. ¿Me perdonas? ¿Aún me amas?
Sonreí coquetamente y lo besé.
- Te amo y te perdono –dije y volví a mi labor. Hacerlo feliz.
La mañana siguiente me levanté a su lado. Hacía mucho, mucho calor. Pero no me iba a mover o alejarme de el. Sonreí y le besé la mejilla. Y ahí lo comprendí. El no me amaba solo por que ayer me aparecí… vestida en su casa. Si no por que me conocía lo suficiente para creer en mí. Y yo lo amaba más. El era el hombre que mas amaba en el mundo. Y no importa lo que el tiempo o el destino vallan a decir. Por que jamás me separé de el.

Quejas y más quejas -

Quejas, quejas, quejas. Eso es lo único que puedo llegar a oír. ¿Por qué no puedes? ¿Por qué no lo intentas? Si lo hicieras sería mucho mejor. Nada sería así. Todo cambiaría.
Tengo mil insultos para responder, mil golpes que dar, mil lagrimas que derramas. Pero recuerda esto:
soy mas fuerte de lo que crees.
No me importa cuanto me insistas en ser perfecta. Yo ya lo soy, lo por no serlo.
Lo siento. Pero tus sueños no se van a hacer realidad ahora.

martes, 20 de octubre de 2009

Medida justa de dolor .

Abrí la puerta de mi casillero y me encontré con un papel que caía dentro de el. ¿Para mi? eso era raro. Mio no era. Mi casillero era impecable. Pero… ¿para mí? Todos en la escuela me ponían apodos feos y se burlaban de mí. Seguramente es por mi falta de atractivo. No soy una chica interesante, pero tampoco soy una idiota. Mordí mi labio y lo levanté. Era un cacho de papel partido en dos.
“Te espero a las 4 en la puerta lateral”
Nadie firmaba. ¿Eso me suponía raro? No lo sabía. Miré mi reloj. 3:45 pm. ¿Debía ir hasta allí? ¿Debía arriesgarme? Miré hacia afuera. Llovía. Debía caminarme toda la escuela para ir al pasillo lateral. Pensé dos segundos y luego de cerrar mi casillero fui hasta allí. No sin antes pasar por el baño.
Caminé dudosa. Con medio. Debía tener miedo. Estaba en la escuela.
La puerta lateral me esperaba. Me debatía en irme y dejar plantado a quien me había solicitado o… ir.
Bueno. Mi abuela siempre decía que el que no arriesga no gana. Así que con toda la fuerza que mi cuerpo podía permitir, empujé la puerta para salir y encontrarme con esa persona.
Claro… no salió bien. No era una persona. eran varias. Me miraron, se rieron. Y de repente empezaron a caer bolas de pintura sobre todo mi cuerpo como si fuera una guerra. Yo estaba muda. Cubriendo mi cara. Aguantando el dolor de los golpes. Escuchando la risas de todos ellos. Empecé a caminar. Empujando. Escuchando risas e insultos y corrí. Como nunca. Corrí hasta mi casa. y cuando abrí la puerta me tiré al suelo a llorar. A descargar la humillación que sentía en el cuerpo. Lloraba fuerte para intentar olvidar sus risas. Lloraba y lloraba y no podía parar. Todos… todos eran tan malos. Me habían citado para burlarse de mí. Me habían citado para humillarme. A nadie le importaba. A nadie. Pero… nadie tampoco creía que me podía doler. Escuchaba sus risas. Veía sus rostros felices mientras se burlaban de mí. No lo podía borrar de mi mente. No podía. Quería y no podía…
Puedo asegurar que los peores momentos… los viví dentro de esas cuatro horribles paredes. Con esas miles y miles de gente. Pero necesitaba verlo acabar. Lo necesitaba.


Basado en la serie Beverlly Hills 90210 y experiencias personales.

domingo, 11 de octubre de 2009

P L A Y


Ni me importa lo que la gente tenga para decir. No me interesa. Me entra por un oído y me sale por el otro. Pero como si fuera... poco. Te lo dicen tres o cuatro personas.

J U G A R

¿No es algo muy duro como para hacer con una persona?

Lo poco que me conocen les dice que yo soy capas de cualquier cosa. De jugar con la gente. Por que la gente no pensará que de verdad tengo cosas que hacer. Me enferma. Me pone mal. Y lo peor de todo... no lo puedo olvidar.

Change the world

Cierra los ojos y sigue la luz.
Cree que hay un mundo mejor.
Sueña que el futuro se verá perfecto.
Piensa que eres tu quien lo puede cambiar.
Levanta la mano y ayuda a los mas necesitados.
Abre la boca y canta una canción.
Da una sonrisa que es de mucha ayuda.
Acaricia que es como se cura el dolor.
Miente solo para fracasar.
Enseña lo que hay para dar.
Pinta un muro color rosa.
Reparte el perfume del amor.
Unete. Que el mundo cambie gracias a nosotros.