¿Realmente estaba segura de lo que iba a hacer? ¿Realmente lo estaba? Llevo quince Halloween en el cuerpo y jamás lo he festejado. Pero este día. Este Halloween número dieciséis estoy sentada frente a un gran espejo mientras termino de arreglarme.Me hago un gran delineado en el ojo. Una que me marque el color caoba que llevo desde mi nacimiento. Me hago una media coleta algo despeinada y luego el sombrerito del conjunto. Maquillo mis labios de un gran rojo fuerte y me pongo el perfume 212 sexy woman. Ese que hace que los hombres pierdan la cordura.
Me doy la vuelta al tocador y me pongo las sandalias negras de tacón alto y me miro al espejo. Un enterito con short azul oscuro, de cuerpo. El short comienza en la mitad, de la mitad, de la mitad, de la mitad de mi muslo. Dejando a la imaginación pocas cosas, pero las mas importantes. Sube hasta mis pechos con una cremallera. Una que deja ver mis pechos en mi corpiño negro. Estaba impactante. Tanto como una prostituta.
Me senté en mi cama y apoyé mis codos en mis rodillas para sostener con las manos mi cabeza. En eso entró mi hermano.
- Pero que bien te vez, hermanita. Vas a tener una… travesura con uno de tus amigos –dijo en tono de burla.
- No, con uno de los tuyos –dije.
Se quedó callado por un segundo.
- Solo espero que no –dijo el y yo prendí la radio a todo volumen, apagando su voz en mi cabeza. El le puso pausa.
- ¿Por qué no te vas ya? –me dijo-. Se caerá a penas te vea.
- ¿De la risa? –pregunté.
- No, de la emoción –me besó la cabeza-, linda policía. Ahora… ¿puedes llamar a mi novia y decirle donde lo compraste? Quiero que se ponga uno.
- ¡Baboso! –le grité con una sonrisa y lo empujé de mi habitación y salí.
Me subí al auto y comencé a manejar. No hacía frío en California. Eso lo amaba.
Manejé con mi camioneta hasta su casa y me sentí de lo peor. Era todo una puta. Pero lo tenía que conquistar de nuevo. Nuestro noviazgo de un año y dos meses se estaba yendo al fondo del océano y…
Me bajé del auto rezando y toqué timbre. Nadie atendía y las luces estaban apagadas. ¡Bien! No estaba. ¿Peor mala suerte? Claro que no.
Me acomodé los anteojos negros que venían en conjunto con el traje de policía y me quise ir, ocultando mi identidad.
- ¿No eres muy grande para jugar en Halloween? –me dijo su voz.
Me di vuelta con media sonrisa y al ver que era yo, y que estaba vestida como… como… ¡arg! Sonrió y bebió su cerveza.
- Depende del lado que lo mires ¿no? Siempre dijiste que era una nena, Kellan –dije con una sonrisa.
- Una muy, muy peligrosa –dijo el con una sonrisa y abrió la puerta para dejarme pasar.
Negué con la cabeza y el volvió bebiendo de nuevo.
- ¿Dulce o Travesura? –dije con un tono angelical.
- ¿No es dulce o truco? –dijo el arqueando una ceja y yo me encogí de hombros-. Bien. Travesura.
Reí dulcemente y me subí a sus piernas de un salto ágil y el me agarró en el aire.
- Estaba triste –me dijo mientras me subía a su habitación-. Pensé que no iba a festejarlo. Ya estaba a punto de llamar a mis amigos, pero… creo que me quedaré con tigo. ¿No te molesta cierto?
Sonreí y tomé su cara y lo besé con pasión. Tuvo que bajarme o los dos moriríamos ahí no más. Me abrasó y yo lo apoyé contra la pared y nos seguimos besando desenfrenadamente.
- Cathy –me susurró.
- ¿Qué? –pregunté mientras empezaba a bajar por su cuello.
- Perdóname. Quiero amarte para toda la vida. Y no por que estas así vestida, nena. Por que te amo y por que eres mi novia y la mas linda y buena. Y… ya no quiero que peleemos. ¿Nos amigamos?
Bufé.
- Kellan. Voy a tener sexo con tigo igual. No hace falta que me digas estupideces –dije.
Me empujó un poco y me miró. Estaba agitado, con la camisa desabrochada. Muy sexy.
- No busco sexo, Cathy. Siempre lo supiste. Puedes estar así vestida y aún así no tener sexo y eso lo sabes. Pero te amo –tomó mi cara-. Y ya estoy harto de pelear. ¿Qué me importa si nos llevamos ocho malditos años? Yo te amo por que me comprendes y por que me quieres. Y tu a mi por lo mismo, dulzura. ¿Me perdonas? ¿Aún me amas?
Sonreí coquetamente y lo besé.
- Te amo y te perdono –dije y volví a mi labor. Hacerlo feliz.
La mañana siguiente me levanté a su lado. Hacía mucho, mucho calor. Pero no me iba a mover o alejarme de el. Sonreí y le besé la mejilla. Y ahí lo comprendí. El no me amaba solo por que ayer me aparecí… vestida en su casa. Si no por que me conocía lo suficiente para creer en mí. Y yo lo amaba más. El era el hombre que mas amaba en el mundo. Y no importa lo que el tiempo o el destino vallan a decir. Por que jamás me separé de el.



